La limosnera de la lata

por | agosto 1, 2014

La limosnera de la lata

Prácticamente en cualquier parte del país es fácil encontrarse con personas mendigando en la calle. Muchos creen que esto lo hacen simplemente porque no tienen deseos de trabajar y esperan que los demás les den dinero sin que ellos tengan que hacer nada.

Sin embargo, la realidad es que a veces el terminar como pordiosero, nada tiene que ver con lo anterior. Esto fue lo que le ocurrió a Teresa Varela, una mujer que en su juventud perteneció a una familia acomodada que vivía en el centro de la ciudad.

Ella fue madre de ocho hijos, a quienes siempre protegió y les brindó todo aquello que el dinero puede comprar (educación, casa, ropa etcétera). A pesar de eso al envejecer, sus vástagos la corrieron de su hogar, pues ésta los había heredado en vida.

Ninguna de sus amistades le tendió la mano en esos momentos de apuro extremo, pues argumentaban que ya no pertenecía a su estatus. Trabajó limpiando casas y lavando autos hasta que los reumas le quitaron por completo el movimiento de sus extremidades superiores.

En aquel momento, Teresa tenía la oportunidad de seguir dos caminos distintos. El primero era dejarse morir. Mientras que el segundo consistía en sentarse en una banqueta acompañada de una lata vieja de mental y esperar a que la gente le otorgara caridad.

Tal y como puedes imaginártelo, eligió la segunda opción, ya que si no lo hubiese hecho, no tendría caso estar recapitulando está leyenda corta.

Una tarde de otoño, la mujer fue atacada por una pandilla de muchachos que se dedicaba a robar a mendigos como ella.

– ¡Por favor, no se lleven mis monedas! Suplicaba entre lágrimas.

Los pandilleros estaban tan molestos por la férrea resistencia de la anciana a ser despojada de sus bienes que empezaron a arrojarle piedras, hasta que una de ellas le dio en el cuello y le rompió la tráquea.

Testigos anónimos de ese lamentable hecho, aseveran que las monedas se convirtieron en pequeñas rocas y que si pasas a mediodía por aquella acera, puedes ver tanto la silueta de doña Teresa como de su lata de limosnas.

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